El tratamiento contra el cáncer pediátrico puede dañar al hígado. Por esa razón, es muy importante conocer cómo funciona este importante órgano para mantenerlo lo más sano posible.
¿Qué es el hígado?
El hígado es un órgano de forma triangular ubicado debajo de la jaula torácica, del lado derecho del cuerpo. En una persona adulta, al hígado tiene el tamaño de una pelota de football y pesa aproximadamente tres libras. El hígado es el encargado de filtrar las toxinas de la sangre, ayuda en la digestión y en el metabolismo, y produce muchas sustancias importantes como las proteínas encargadas de la coagulación.
¿Cuáles son los signos y los síntomas de daño en el hígado?
Muchas personas que sufren un daño en el hígado no presentan síntomas. Algunas personas presentan síntomas como la ictericia (ojos y piel amarillentos), orina oscura, un prurito muy fuerte, materia fecal de un color pálido (similar a la arcilla), hemorragias o hematomas, fatiga, pérdida de apetito, náuseas, u otros síntomas. A veces el hígado se agranda (hepatomegalia), y con el avance del daño hepático, el hígado suele endurecerse (fibrosis) y cicatrizarse (cirrosis). Finalmente, el paciente suele presentar una acumulación de líquidos en el abdomen (ascitis), inflamación del bazo (esplenomegalia), o hemorragia en el esófago o en el estómago. En casos excepcionales puede aparecer un cáncer hepático.
Las personas que recibieron radioterapia en los campos mencionados a continuación pueden sufrir posteriormente trastornos hepáticos:
- Irradiación Corporal Total (TBI)
- Radioterapia en el abdomen;
- Radioterapia en el hígado, especialmente en dosis de 20 Gy (2000 cGy/rads) o superior;
Los medicamentos mencionados a continuación pueden causar un daño en el hígado. No obstante, la lesión suele observarse simultáneamente al tratamiento o poco tiempo después. Es poco frecuente que el daño hepático pueda manifestarse años después. Los medicamentos son:
- Metotrexato;
- Mercaptopurina;
- Dactinomicina.
Otros factores de riesgo:
- Sufrir otros trastornos médicos asociados al hígado, como un tumor hepático o una cirugía de extirpación de una gran porción del hígado;
- Trastornos hepáticos anteriores al tratamiento;
- Consumo excesivo de bebidas alcohólicas;
- Infección hepática crónica (hepatitis). Puedes leer el artículo “La hepatitis luego de un tratamiento contra el cáncer durante la infancia” (Hepatitis after Childhood Cancer);
- Haber recibido múltiples transfusiones de sangre. Puedes leer el artículo “La hepatitis luego de un tratamiento contra el cáncer durante la infancia” (Hepatitis after Childhood Cancer)
- Enfermedad injerto-contra-huésped (luego de un trasplante de médula ósea o de células madre)
¿Qué estudios médicos suelen realizarse para evaluar el hígado?
Existen tres análisis principales cuyo objetivo es evaluar el hígado:
Análisis de las enzimas hepáticas en sangre: Mediante este análisis se controlan los niveles de unas proteínas especializadas presentes en el interior de los hepatocitos o células hepáticas. Si los hepatocitos están dañados, estas proteínas pueden destruirse, causando un elevado nivel de enzimas hepáticas en sangre. Los análisis de enzimas hepáticas más comunes son:
- Aminotransferasa alanina (ALT), a veces llamada SGPT;
- Aminotransferasa aspartato (AST), a veces llamada SGOT;
El Análisis de la función hepática (Liver function test) es un indicados de cómo está funcionando el hígado. Los más frecuentes son:
- Bilirrubina (producto de deshecho que se origina durante la desintegración de los glóbulos rojos);
- Albúmina (principal proteína de la sangre producida por el hígado);
- Tiempo de protrombina, o medición de la coagulación (Prothrombine Time PT)
¿Qué estudios de control deben realizar los pacientes en riesgo?
Cuando el paciente inicia la etapa de seguimiento a largo plazo, debe realizarse un análisis de sangre (que incluya ALT, AST y bilirrubina), en la mayoría de los casos cinco años después del diagnóstico inicial o dos años después de haber finalizado el tratamiento. El médico, asimismo, durante el control anual, evaluará el tamaño del hígado para determinar si éste se ha agrandado. Si el médico observa algo inusual, derivará al paciente a un especialista, quien solicitará estudios adicionales. Los pacientes en riesgo de hepatitis deben realizar estudios adicionales: Puedes leer el artículo “La hepatitis luego de un tratamiento contra el cáncer durante la infancia” (Hepatitis after Childhood Cancer);
¿Cómo tener un hígado sano?
Si no te han vacunado contra la hepatitis A y B, debes recibir estas vacunas para proteger tu hígado (en la actualidad no existe vacuna contra la hepatitis C). A través de un análisis de sangre podrás saber si estás inmunizado contra la hepatitis A y B (anticuerpo IgG de la hepatitis A y anticuerpo de superficie de la hepatitis B);
- Si consumes bebidas alcohólicas, sólo debes hacerlo con moderación;
- Bebe agua en abundancia;
- Consume una dieta bien balanceada y rica en fibras. Evita los alimentos ricos en grasas, salados, ahumados o curados en sal;
- No consumas otros medicamentos que no sean los recetados por tu médico;
- Evita la utilización excesiva de medicamentos;
- No mezcles drogas con bebidas alcohólicas;
- No consumas drogas ilegales de venta callejera;
- Sé prudente al utilizar productos de herboristería o suplementos naturales, especialmente en combinación con medicamentos;
- Si tienes relaciones sexuales, debes usar preservativos de látex para evitar una infección viral que pudieran dañar tu hígado;
- Evita la exposición a sustancias químicas (solventes, limpiadores en aerosol, insecticidas, diluyentes de pintura y otras sustancias tóxicas) que pudieran ser nocivas para el hígado. Si debes utilizar estas sustancias, cubre tus manos con guantes, tu rostro con una máscara y utiliza un lugar bien ventilado.
-Wendy Landier, RN, MSN, CPNP, CPON, City of Hope